Hacia tiempo que no venia a Montevideo, y la verdad es que extrañaba. Llegue tarde en la noche y en el camino al hostal la tranquilidad de las calles me apaciguo de modo que decidí irme a dormir. La ciudad descansaba solitaria, la brisa nocturna hamacaba suavemente sus árboles, y las luces de un bar iluminaban su gente y su cerveza.
Al llegar al hostal fue como llegar a casa. Esa sensación que uno no puede describir porque no es por algo en especial, sino que es la suma de un montón de pequeñas cosas. Dos personas ocupaban los sillones leyendo a la luz de las veladoras, mientras que un grupo de jóvenes terminaba de aprontarse para salir. Habrá tocado una banda en el sótano acompañando una muestra de fotos de uno de ellos. Estaban bastante emocionados, sus fotos junto a la exposición de pinturas de otro que hace tiempo que esta en el hostal mas el concierto que le puso el tempo justo a las imágenes visuales, habían hecho un momento mágico.... |